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La verdad.

No depende del punto de vista de nadie. El punto de vista si es diferente. Depende de muchas variables y de cada observador, de la misma verdad, inmutable.

Alguien dijo, «la verdad es como un diamante con mil fascetas, el cuerpo del diamente ES el mismo siempre, cada fasceta aparenta diferente».

Cada fasceta es la cara que puede ver un observador, levemente diferente del de al lado, podría ser por razones externas o por los ojos y la mente de quien lo observa. Ninguna de las dos, que a su vez pueden ser múltiples, cambiará al diamante, a la verdad. Seguirá siendo el mismo e inmutable diamante.

Así cada verdad, no importa de qué verdad se trate. Simplemente ES. Lo que cambia es el punto de vista de quien observa, de su interpretación, del filtro con el que la vea, la educación, las creencias, la programación y un montón de otras variables.

Por ejemplo, varios tienen que dibujar, desde su lugar, un objeto ubicado en una posición determinada. El resultado será diferentes dibujos, que se representan con diferentes formas geométricas de base, dependiendo el punto de vista de cada dibujante. Sin embargo todos dibujan lo mismo. El acto de dibujar, cada uno desde su punto de vista, no modifica el objeto en lo más mínimo. Seguirá siendo exactamente igual.

O las fotos que tienen un aspecto difente de acuerdo a desde donde se enfoca a un mismo alguacil, o si se lo nombra con sus diferentes nombres: alguacil, libélula, caballito del diablo, matapiojos, chinchillejo, caballín, chapulete, cortapelos, folelé, según en qué parte del planeta lo estén mirando…..la verdad de lo que es no cambia, no se modifica, no varía ni una millonésima micra.

La verdad es que es ese insecto, que ni siquiera tiene nombre. El nombre le ponemos los homos, los homos para a través de las palabras entender de qué estamos hablando, aunque con verlo ya sabemos quién es.

Tampoco la verdad de lo que es variará de acuerdo al gusto de quien lo observa, o a la creencia, o a la conciencia (conocimiento), Ni tampoco modifica lo que el otro percibe de esa verdad. Cada uno la suya. Ninguno puede obligar a otro a percibir lo mismo que percibe y menos aún dañar al otro para que parezca la misma verdad.

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