Retiro de autorreparación en la selva guaraní. Invierno.
Así nos recibe la reserva natural Surucuá, con su refugio en medio de la selva original.
Somos naturaleza y lo estamos recordando.
Estar sanos, ser íntegros, sentirse armónicos, es todo un desafío desde la artificialidad de la vida a la que nos acostumbraron/programaron sin nuestro permiso.
Recuperar, re-cordar, re-conocer nuestra profunda relación con la naturaleza, de verdad. Autorreparar lo que se fue rompiendo dentro nuestro, tanto del alma como del cuerpo, a partir de observarnos y observar la selva que rodea la casa construida con los materiales del lugar. Mientras, el fogón arde y la madera crepita. O la luz natural del sol que entra por la claraboya del salón octogonal que ilumina e invita a SER y HACER lo necesario para autorrepararnos. Y poder después reparar el entorno, la selva que solo queda en pocos lugares.

El fuego nos recibe y entibia el alma y los pies…..la cocina se activa, los sonidos y aromas que generan las cocineras preparando exquisitas comidas, para nutrir el cuerpo y también el alma, Es un lujo natural invaluable, igual que las cálidas y cómodas cabañas que dejan ver el cielo por los ventanales superiores.
Tres días y dos noches que se hacen largas por el placentero disfrute. Cortas a su vez, porque no se alcanza a profundizar cada tema tanto como nos gustaría…..aunque es suficiente para conectar profundamente con nosotros y con la selva, para llevar la experiencia en la médula misma del SER. Hay tanto para re-conocer y para re-cordar de cómo es vivir bien. Tantos programas que cambiar que actúan sin que nos demos cuenta y que se van mostrando momento a momento, atentos a reconocerlos.

Es invierno, el frío y la humedad quedan afuera, adentro la tibieza que produce el fuego interno del corazón al compartir la misma frecuencia que se produce al desear vivir bien.
El frío en estas latitudes dejan caminar cómodos, bien abrigados, haciendo que el cuerpo se active mientras se descubre todo lo que acontece en este tiempo del almanaque natural. Los insectos están tranquilos, la diversidad de hongos y las pocas flores son realmente bellas. Los colores son diferentes, son los de la época más yin del año, mas oscuros, más profundos. Hay mas agua en todos lados.

Vivimos intesa y disfrutadamente el invierno en la selva guaraní, la experimentamos a pleno. Es un placer compartirlo en grupos pequeños, intensos, profundos porque hay espacio para cada uno.
Agradecidas por haber concentrado la energía interior para esperar calmos y sanos la llegada de la primavera y otra vez convocar a quienes quieren experimentar nuestro territorio tal cual es en cada estación, en un lugar original para recordar la magia de la VIDA.
Compartimos la vivencia y te dejamos la invitación desde www.surucua.com y www.espaciopuraenergia.com

Siempre es HOY, siempre es este mismo momento, en el que experimentamos la vida llena de vivencias particulares de cada territorio, en todo el mundo. A nosotros nos toca este fractal del paraíso y gracias a la comunicación que sucede actualmente, a través de la energía, en todo el planeta, recuperamos rituales que nos revelan el alma, los hacemos propios y descubrimos que los aromas, los sonidos y el silencio y la imágen de los que se erigieron en deidades, como el buda en oriente, son en realidad armonizadores de la frecuencia del ambiente que nos circunda e inspiración que atraviesa nuestra propia alma y nuestro propio cuerpo, apenas nos disponemos. El octógono que señala las 8 direcciones se vuelve templo y podemos sentir y nos sentimos modificados y capaces de percibirlo.
La meditación surge sola….por añadidura….sin esfuerzo, sin técnica. Solo la re-cordamos porque está adentro nuestro desde siempre.








La hora dorada es especial, la disfrutamos porque seguimos al sol desde esa percepción recordada, despierta, profunda, sentimos los cambios en toda la naturaleza, que generosa nos incluye.
En esta parte de la península que hace el río Iguazú, el agua corre veloz en sonoras correderas, de norte a sur, por lo que vemos al sol ponerse en el horizonte dibujado por la selva original, lo más al norte que puede en el invierno, en el otro extremo que en el verano. en ambos solsticios. En los equinoccios se esconde en el mismo lugar, pero la energía que se siente en cada uno es diferente, lo experimentamos en cada retiro.













Disfrutamos de estar adentro. En el invierno el frío y la humedad mandan, pero sabemos acompasarnos y armonizarnos con su energía. Lo comprendemos y nos acomodamos con sabiduría. Descubrimos los opuestos y complementarios en esta selva, el palmito yin, el palo rosa yang. Entendemos cómo vive la selva sin nadie que la cultive, su sistema digestivo, su manera de nutrirse, de sembrarse, de regenerarse y de repararse. Y entendemos que sucede lo mismo que en nosotros. La vida es simple y se repite infinitamente en cada una de sus partes, cada hoja, cada tronco, cada árbol, cada planta, cada animal, cada hongo, cada pájaro, cada tacuara, cada uno de nosotros. Cada uno con inteligencia propia en perfecta interacción. Nos damos cuenta que nos falta volver a conocerla, volver a conocernos integrados con ella, la selva, tan fuerte y a su vez tan frágil.


En medio de ese verde el bailarín blanco solo se deja ver a veces…mimético y veloz. Como todo en la naturaleza es capaz de percibir la energía circundante.

El agua es el elemento del invierno igual que lo profundo.




Sin palabras.








Nos maravillamos con todos los seres que viven en comunión, cada uno concentrado en sí mismo y aportando a todos y también a nosotros. Encontramos fibra, tintóreas, medicinas, alimentos, belleza, aromas, sabores. Entre ellos las hojas del parí parova con el que las excelentes cocineras nos hicieron niño envueltos.



Así, con este cuarto retiro, completamos un ciclo del sol, estuvimos en suss cuatro estaciones, experimentando la misma selva, sin embargo diferente cada vez. Lo recordamos y agradecimos. Entendimos porque el invierno empecieza naturalmente en mayo y termina en agosto.
Mientras también éramos observadas….

Una pareja de yeruvás nos miraban desde la ventana, mimetizados entre los colores de invierno. Un verdadero regalo.



Sentir el amanecer y disfrutar en ronda los primeros rayos del sol antes de desayunar es demasiado hermoso. Cien por ciento bueno, invaluable.

Los ángeles no son más que nuestra alma inmortal en armonía, capaz de darnos los mensajes que guardamos en el inconsciente en nuestro tránsito en el cuerpo mortal, en tercera dimensión, cuando hacemos silencio. La selva también los tiene, y quien puede aquietarse y sintonizarse lo suficiente, también los puede sentir.









El cuerpo físico se alimenta con comida buena, naturales, porque de allí saca la energía para el cuerpo físico, para la batería, que son los riñones y para el pericardio que mantiene el «shen», la mente y las emociones equilibradas y sanas. Fundamental para que todo funcione bien.



En cada retiro hay un librito que cuenta la experiencia, para recordarla, con páginas para escribir las propias vivencias, para llevar prendido lo vivido.

El sol cambia de posición perceptiblemente cada 15 días, generando 24 momentos diferentes durante todo el año, cuatro de ellos son las estaciones, porque parece que el sol se detiene 3 o 4 días en el mismo lugar, sobre todo en los solsticios, creando una onda de luz que crece y decrece sin parar ciclo tras ciclo atravesando nuestra propia existencia. Todo para una única razón: LA VIDA. La única razón de la existencia de todo, sobre todo de la nuestra.
Igual de imperceptible es la conexión del alma con los oráculos que hacen su aparición la segunda noche alrededor del fuego, cada uno sintoniza con su mensaje y lo aprovecha para calibrar su propio gps.





El fuego del hogar calienta lo externo, la casa y el cuerpo, y las moxas lo interno, los meridianos, las vías energéticas invisibles pero perceptibles que recorren nuestro cuerpo. Aportan el calor y la energía interna para sobrellevar el invierno. Saber usarlas y donde aplicarlas es una forma inigualable para autorreparar. Sumaron a la experiencia ejercicios muy fáciles que recuperan a todo el organismo, desde los músculos, bien concretos, hasta la energía, bien sutil, pasando por los órganos y las visceras, la sangre y la linfa.





Las cabañas son un verdadero cobijo, están a los pies de un gran palo rosa y de muchos palmitos, el frío y la humedad quedan afuera y hacen sentir que la mejor película es la vida real. A la noche se ve el cielo estrellado.

Los seres que comparten el mismo lugar en armonía, con tanta belleza, cada uno con su particularidad y que se dejan ver al desacelerar el paso por la experiencia en esos tres días inolvidables, que dejan una marca en el alma para recordar a diario el rumbo a seguir para llegar jóvenes a viejos. Tal como todos los que forman la selva.

Los nativos de estas tierras guaraníes se sientan sobre sus talones para todo, para contemplar, para meditar, para tomar decisiones, para compartir, para cocinar o para descansar….en nuestros retiros prendemos, nos iluminamos de porqué y para qué…..
El próximo retiro es el del equinoccio de primavera 2026….volveremos a ver al sol en la mitad de su recorrido, con la selva verde brote y las flores y las mariposas en su máxima expresión….te invitamos a participar.
El valor de intercambio se puede dividir en tres partes, en agosto, septiembre y octubre, en efectivo o por transferencia. Consultá al whatsapp de María Laura al +54 3764 371046 y al whatsap o al telegram de Laura Noemí al +543764289331.


Todas las fotos son reales, sin edición más que lo que hace la propia máquina fotográfica.
GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS.
